Perdidos por el mundo

CAMINS… de una galega y un català

Bodegas en Maipú

Posted by chus y xavier en 28 abril 2009

Hoy toca Maipú, otra bodega por fin. Realmente queríamos ver muchas pero están bastante distantes las unas de las otras y la opción de alquilar un coche no es muy segura ya que nadie alquila a todo riesgo y si lo hacen es con una súper franquicia, así que nos toca combinar bus con taxi.

Maipú es una localidad argentina, cabecera del departamento homónimo en la provincia de Mendoza. Forma parte del Gran Mendoza, constituyéndose como la extensión del aglomerado al sudeste del mismo. Junto a Luján de Cuyo, forma el principal centro bodeguero de la provincia.

Lo del bus a Maipú es “una experiencia religiosa”. Después de averiguar por donde pasaba y que número era, toca pagar y solo admiten monedas, pero claro, en este país están buscadísimas y por suerte Xevi las tenía guardadas para la colección de su padre. Creo que todas las monedas de la nación están en las máquinas de los autobuses locales y en la cartera de Xevi.

“Lo mejor es que hay que pagar con moneda justa y por separado”, así que después de media hora de pie, delante de la maquina, dando tumbos y haciendo peligrar nuestra vida entre tantas curvas y baches conseguimos 1,80 pesos por un pasaje y 1,80 para otro (no se puede pagar 3,60 juntos no, no. no).

Gracias a la ventaja de esta incomodidad y retraso, hemos descubierto que también se puede pagar con unas tarjetas que se compran por 3 pesos en los market y allí también se recargan con la cantidad que se quiera (siempre se pierden 3 pesos, pero ante la imposibilidad de conseguir monedas cualquier opción es válida).

Ya estamos sentados. Buf!!! Y ahora toca saber donde tenemos que bajar. Le preguntamos a unos y a otros… y finalmente alguien nos sabe indicar. Bajamos justo delante de la oficina de turismo y allí nos atiende una chica muy maja, que nos recomienda ir a la Bodega La Rural, es una bodega museo que pertenece a la familia Rutini y que aun hoy hacen vino, casualmente ayer habíamos probado uno de esta bodega.

Está a menos de 1 km así que vamos caminando aunque aquí es muy común alquilar bicicletas para visitar las típicas bodegas de turistas. Al llegar nos unimos a un grupo y hacemos la visita guiada. Nos muestran el apartado de la época en la que el vino se prensaba dentro de pieles de vaca y se guardaba en vasijas de barro, época en la que el vino era utilizado básicamente para la liturgia religiosa. IMG_1828 (Medium)IMG_1830 (Medium)IMG_1829 (Medium)
Luego pasamos a otra sala donde se encuentran diferentes herramientas que eran utilizadas para elaborar los barriles de madera, es esta época en la que se empieza a tener en cuenta el tema del envejecimiento del vino y no solo el mero hecho de tenerlo almacenado. Aquí también se encuentran barricas de gran tonelaje que ahora son simplemente decorativas (tienen el tamaño de una casa). Finalmente nos llevan a la zona actual donde ya se encuentran tanto los depósitos de acero inoxidable como los de cemento y las barricas.

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El conjunto del recorrido es muy interesante porque se ven herramientas que hacen pensar en metodologías ya extinguidas.

Salimos de allí en pleno mediodía y a las 14:00 tenemos visita con la bodega Flichmann que está a 17 Km así que la única solución es un taxi, pero estamos en el culo del mundo y necesitamos a alguien para que llame a uno. Volvemos a la oficina de turismo y la chica nos lo consigue con mucha facilidad (parece ser algo habitual).

Por 43 pesos (no está nada mal), nos dejan en la puerta de la bodega 10 minutos antes de lo previsto. La verdad es que la bodega es de un gran nivel y sus vinos también están a la altura. Nos atiende una chica muy agradable que estudia turismo y que nos reconoce que no tiene ni idea de vino. Sabe el recorrido básico y nada más, pero eso sí, nos da a probar todo lo que tiene abierto lo cual es genial y acabamos comprando un shiraz llamado Gestos.

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Desde la bodega pedimos otro taxi para volver y ah!! Sorpresa la vuelta cuesta 7 pesos más, pagamos un poco a regañadientes pues somos conscientes que nos trajo por otro sitio diferente para hacer más kilómetros.

Esperamos el bus de retorno y en menos de 15 minutos ya estamos camino de Mendoza. Llegamos al hotel, nos ponemos monos y nos vamos con nuestra botella a cenar a la Marchigiana. Pedimos una pasta el pesto y una carne a la brasa con patatas fritas, buenísimo, y con el vino sublime y unos cuchillos “matavacas”.

IMG_1880 (Medium)En Mendoza es normal llevar una botella a un restaurante y ellos te la descorchan y te ponen la copa adecuada a cambio de 15-20 pesos lo cual compensa.

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