Perdidos por el mundo

CAMINS… de una galega y un català

El tren a Yangón

Posted by chus y xavier en 12 mayo 2010

Nos levantamos bastante temprano y después del desayuno probamos suerte en la terminal de buses para intentar comprar un billete para Yangón pero una vez más nos encontramos con el omnipresente “tío chulo” de ayer así que solo por fastidiar (pues se tenía muy creído que finalmente íbamos a comprar el billete al precio que fuera) nos subimos a una camioneta rumbo a Kyaikto por la que pagamos 500 Kyats/0,4€ cada uno. Nuestra intención era subirnos en uno de los muchos buses que pasan por esa localidad rumbo a Yangón, algunos de ellos incluso vienen desde Kimpun pero casualmente en la camioneta coincidimos con un amable señor que vive en Yangón y que se baja en Kyaikto para coger un tren. El hombre que es segundo oficial del ejército birmano y que ha viajado por casi todo el mundo habla un buen inglés y nos convence para que probemos la experiencia del tren.

Como los ferrocarriles pertenecen al gobierno nunca nos hemos planteado usar este medio de transporte ya que hemos preferido utilizar transportes locales como autobuses, microbuses, camionetas, motos, taxis, carros de callallo, etc. para que nuestro paso por el país ayude un poco a la gente de a pie pero la distancia entre Kyaikto y Yangón no es mucha, el precio no es exagerado y, lo más importante, así también podemos sentir la experiencia del tren en el Sudeste Asiático.

Bass, nuestro amigo el oficial nos acompaña en todo momento haciendo un papel de protector que ciertamente agradecemos. Nos lleva a la ajada oficina donde se compran los billetes y él como es del ejército muestra su documentación y paga menos, nosotros como somos extranjeros tenemos que pagar en dólares pero es muy posible que al ir con él hayamos pagado menos que si viajásemos solos. Pagamos 4US$/3,1€ por persona más 500 kyats/0,4€ para la gestión, o de propina, o de no sabemos para que. El tema es que nos sale muchísimo más barato que el bus que nos querían vender en Kimpun y lo mejor de todo es que nos dejan en el mismo centro de Yangón y evitamos la terrible terminal donde hay cientos de buses y miles de taxis intentando convencerte para llevarte a alguna parte.

El tren es casi tan viejo como el país pero tiene el encanto que tienen todos los trenes, esa aura romántica y entrañable. Al contrario de lo que creíamos va lleno de gente de toda condición social y económica y en los pasillos no paran de ir y venir vendedores de comida, bebida e incluso tabaqueras que también venden la nuez de areca.

El viejo trenIMG_3155 (Medium)

Nuestro protector ocupa el mismo vagón que nosotros y nos habla de su país con un poco de pena y con un mucho de vergüenza. A veces creo que utiliza las metáforas para intentar explicar no sabemos qué pero en general todo nos suena a justificación. Lo que está claro es que estar del lado de los malos es todo un negocio pues este hombre  que ha viajado por cientos de países; en España ha estado en Canarias, Andalucía y Cataluña, y hasta hace unos años cobraba 5.000US$/3.850€, ahora han recortado los salarios y solo cobra 3.500US$/2.700€, una súper pasta!! Y además se dedica a la compra-venta de vehículos. Un birmano de a pie no puede imaginarse ese dinero más que en sueños. Lo que es cierto es que muchos malos son también buenas personas aunque hayan elegido el lado oscuro.

Mientras el oficial echa sus cabezaditas disfrutamos del lento paisaje desde la ventanilla abierta del tren. Volvemos a ver el mismo tipo de casitas, humildes cabañas de bambú, campos secos de arroz, perros vagabundos, mujeres y hombres en sus labores cotidianas o simplemente bajo una sombra y niños, muchos niños al lado de las vías saludando, seguro como cada día a la misma hora, a los pasajeros del tren que les lanzan fruta, botellas vacías de agua, …

Pronto descubrimos que esto es algo así como un ritual, una rutina que estos pobres y harapientos niños repiten cada día a la misma hora así que nosotros participamos en la medida en que podemos de ese ritual y les lanzamos galletas y jabones, algo que seguro les sorprenderá y alegrará aunque tenemos que conformarnos con imaginárnoslo pues para cuando recogen las cosas el tren ya se ha alejado y nos vamos con la satisfacción de hacer por un momento felices a algunos de esos pobres niños. Pocos turistas deben pasar por estos sitios.

Las humildes cabañas de bambúIMG_3156 (Medium) Y sus humildes habitantesIMG_3161 (Medium)

Mañana nos vamos de Myanmar convencidos de que la injusticia está escrita con letras mayúsculas en este país, convencidos de que uno nunca está lo suficiente preparado para asimilar tanta miseria pero también más convencidos que nunca de lo afortunados que somos, no solos por el viaje que estamos haciendo sino por haber nacido donde hemos nacido y de ser hijos de la democracia.

En menos de 5 horas llegamos a Yangón y nos despedimos de Bass que es atento con nosotros hasta el último momento, nos indica la dirección en la que debemos ir para llegar a la Sule Paya (ahí está nuestro hotel) y cada uno prosigue su camino.

En Yangón hace el mismísimo calor de siempre y también como siempre no hay luz así que los generadores siguen calentando aún más el ambiente con su inconfundible atronador ruido de motor viejo.

Una iglesia católica en YangónIMG_3162 (Medium)

En el hotel nos reciben como a viejos amigos y nos dan la misma habitación que hace 15 días por el mismo precio 23US$/17,7€. Sobre todo nos recomiendan no ducharnos hasta que pase una hora pues parece ser que con este calor se está muriendo mucha gente de muerte súbita después de la ducha. Obedecemos los consejos y nos atemperamos antes de la ducha.

Volvemos a recuperar todo el equipaje pues por suerte nos han guardado la mochila de Xevi y otras cosas y hemos viajado solo con la mía y otra más pequeña lo cual nos ha permitido movernos con más agilidad en este país donde los medios de transporte son una odisea y el calor insoportable. Rehacemos las mochilas y al anochecer, cuando el sol se esconde salimos a dar nuestro último paseo por la envejecida ciudad y volvemos a subirnos a la Torre Sakura para tomar unos ricos y caros batidos, mientras disfrutamos de las vistas desde las alturas con la imponente e iluminada Shwedagon Paya.

Haciendo un poco el pijo en la Torre SakuraIMG_3163 (Medium)

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Una respuesta to “El tren a Yangón”

  1. Carme said

    Realment Myanmar es tota una experiència. Tanta miseria i tanta falta de llibertat.
    Però ja hi ha algú que sap sortirse’n amb l’ordinador. Es un bon senyal.
    Bé, ja falten menys dies per la vostra tornada.
    Avui he trobat en Lluis i la Cristina amb en Blai i m’han donat molrts records per vosaltre i ja estan esperant, com tothom, la vostra arribada.
    Petons i fins aviat!!!!!!!!
    carme

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