Perdidos por el mundo

CAMINS… de una galega y un català

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Adiós Nueva Zelanda, regresamos a Australia

Posted by chus y xavier en 9 diciembre 2009

En el momento en que nos sentamos en el avión nos ponemos los antifaces y nos olvidamos del mundo a nuestro alrededor, solo necesitamos dormir unas horitas y vaya si lo hacemos, nos despertamos tras 4 horas de vuelo por el movimiento del aterrizaje del avión sino todavía seguiríamos durmiendo.

Llegamos a Melbourne a la hora indicada, totalmente dormidos pero más descansados, recogemos nuestro equipaje para pasar el control policial y otra vez más mis botas resultan conflictivas por culpa de un poco de tierra en la suela, a estos australianos y neozelandeses se les va la olla, se llevan mis botas a desinfectar y sin embargo no controlan las suelas de los zapatos que la gente lleva puestos, seguro que algunos llevan más tierra que mis botitas pero como las llevo en la mochila el escáner detecta material de montaña y se ponen locos, sin embargo Xevi las lleva puestas y ni se fijan. La ventaja de todo esto es que me las dejan limpísimas.

Tras el exhaustivo control volvemos a facturar rumbo a nuestro destino final, nos subimos en el avión y en 50 minutos ya estamos en Adelaide.

Recogemos el equipaje y nos vamos a la oficina de información para averiguar la forma económica de salir del aeropuerto y llegar al centro donde nos espera nuestra nueva Spaceships. Nos atiende un señor súper majo que nos da información de todo tipo, para las bodegas, Uluru, Great Ocean Road, etc.

La ciudad está muy cerca del aeropuerto así que sin darnos cuenta ya estamos firmando todos los papeles del alquiler de la caravana que por suerte es la más nueva de todas las que hemos tenido. Un último modelo con el nombre de Bruce, escasos kilómetros y un DVD de pantalla plana de lujo. Por fin volvemos a tener una neverita decente.

Con tanto ajetreo de un lado a otro se nos pasa totalmente el sueño, sobre todo cuando la chica de Spaceships nos comenta que tenemos una multa pendiente de pagar de cuando tuvimos la caravana hace unos meses. Resulta que nos clavan 84$AU/52,5€ por pasarnos en la velocidad 13 km (teníamos que ir a 60 e íbamos a 73 km/hora en alguna parte de la Costa Este, lo peor de todo es que Spaceships nos cobra 50$AU/31€ por tramitar la multa, es decir, 50$AU/31€ por cambiar su dirección por la nuestra en España, un trabajo agotador, bueno nosotros lo llamaríamos un robo a mano armada, pero tenemos que resignarnos y pagar si queremos disfrutar de nuestra flamante caravana estos últimos días, pero que conste que estamos muy enojados. Cada vez nos gusta menos Spaceships, se salvan porque siguen siendo los más baratos, si no … aún siendo los más económicos del mercado, en esta ocasión como es temporada alta nos sale súper caro, 1155$AU/722€ por los 21 días y suerte que nos han arreglado un poco el precio. Tenemos que contar a partir de hoy 84$AU/52,5€ fijos cada día además de gasolina. Nos estamos dejando una pasta gansa en estos países. Que ganas de irnos para Asia!!

Cargamos el coche con nuestras mochilas y en cuanto podemos salimos pitando de Adelaide, paramos en un gran supermercado y compramos víveres para varios días, sobre todo mucha agua pues hoy comienza nuestra solitaria odisea por el Outback, nos vamos camino al Centro de Australia donde se encuentra la gran roca, el Uluru.

Conducimos unos 200 km de los 1500 km que nos quedan hasta el Uluru y en Snowtown paramos para hacer noche.

A menos de 100 km de Adelaida el color de la tierra comienza a tomar un tono anaranjado, escasa vegetación, lagos de color rosáceo y grandes y solitarias llanuras. El primer atardecer en ruta es un verdadero regalo.

Las llanuras al inicio del Outback

IMG_3838 (Medium) IMG_3841 (Medium) Pasamos al lado de un lago de color rosa

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Estamos a punto de adentrarnos en uno de los desiertos más áridos del mundo y pensar que hasta hace unas horas estábamos rodeados de frondosos boques y agua fluyendo por doquier.

Hoy hemos regresado a Australia para continuar con nuestra hazaña por sus interminables carreteras.

Hace unas horas hemos cerrado la página de otro país, el más diferente de todos y también el más sorprendente en todos los sentidos. En Nueva Zelanda hemos vivido fantásticos días en familia, conocido los lugares más turísticos del país y también hemos pasado los días más tristes de todo el viaje tras la dura despedida. Hemos renacido de nuestras propias cenizas y hemos aprendido a ser más fuertes y a valorar una vez más, realmente en serio lo increíble que es lo que estamos haciendo y todo lo que estamos viendo.

La ciudad de Auckland

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Los fantásticos días en familia

IMG_1482 (Medium) El área termal de Rotorua

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A Xevi le tocó ser el jefe de la “tribu” de turistas ante los maorís

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Las pozas termales en la Reserva de Waimanpu

IMG_1652 (Medium)La precioso y tranquila Queenstown

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El increíble Milford Sound

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La inglesa Christchurch

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Después de los lujos y el calor familiar recorrimos 5500 km a lo largo de las dos Islas en una caravana no apta para el cambiante y a veces hostil clima de Nueva Zelanda.

En nuestra caravana hemos perfeccionado la capacidad para aguantarnos 24 horas al día en un micro-micro-micro espacio pues o por la lluvia, el viento o los mosquitos nos ha tocado estar más dentro que fuera.

Nueva Zelanda es para muchos el camino de Santiago en las antípodas, un viaje solitario y espiritual, largas horas por senderos de incomparable belleza bajo los antojos del clima, para otros es un paraíso hippy donde no usar zapatos es lo más normal. Las tiendas de calzado no son un buen negocio en este país. Es el país de los pies descalzos.

Un país donde los únicos peligros que acechan al hombre y a los animales sigue siendo el propio hombre pues no hay animales venenosos, no hay reptiles, tarántulas, etc. todo eso se queda en Australia. Es tan exagerada esa ausencia de predadores que los pájaros todavía viven confiados cruzando la carretera como si fuesen los amos del mundo y casi puedes tocarlos pues se esperan al último segundo para salir volando, es debido a esa confianza que al kiwi se le han atrofiado las alas, el símbolo nacional de Nueva Zelanda ahora mismo se halla en peligro de extinción.

Nueva Zelanda es un país verde, verde, verde con grandes y prístinos lagos, montañas nevadas todo el año, alguna que otra playa de arenas doradas, viñedos por todas partes y atardeceres de ensueño.

La verde Península de Banks

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Algunos de los maravillosos y brillantes lagos

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Las transparentes aguas de Pupu Springs

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Los excepcionales jacuzzis de Hot Water Beach

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Las playas de arena dorada en la Golden Bay

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El impresionantes Monte Cook

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El glaciar Franz Josef

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Las hechizantes puestas de sol

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Las verdes colinas entre los viñedos de Gisborne

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Nuestra peregrinación por el país ha sido al 100% vinícola, 5500 kilómetros de una región vinícola a otra. Desde el frío e inclemente sur, donde se encuentran los paisajes vinícolas más bellos del mundo, pasando por la Costa Oeste, la Costa Este, las increíbles colinas de Marlborough, la Bahía de Hawke, Gisborne, al norte de Auckland hasta la fantástica y ensoñada Isla de Waiheke. Un país donde los vinos de clima frío aportan verdaderos aromas a fruta fresca, tierra, hierba,… y refrescante y en muchos casos unas acideces tan punzantes como el abrazo de un ramo de rosas.

Los viñedos colgados del el Valle de Gibbston (Central Otago)

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Viñedos de Rippon en el Lago Wanaka (Central Otago)

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Infinitos viñedos en Marlborough

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Viñedos en Hawke’s Bay

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Viñedos en Gisborne

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Viñedos en Matakana (Norte de Auckland)

IMG_3687 (Medium)Viñedos en Waiheke (Auckland)

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  Disfrutamos al máximo de los grandes vinos de Malborough…

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… Las bodegas de Gisborne…IMG_3516 (Medium)

… Las bodegas de la nueva zona de Matakana (norte de Auckland)…IMG_3686 (Medium)

…Y de las de la paradisiaca Isla de Waiheke

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La hierba, en Nueva Zelanda se merece un capítulo aparte, pues todo, absolutamente todo en este país huele a hierva; recién cortada, seca, verde, fresca,… siempre, en lo más superficial o profundo de este país está el inconfundible olor a hierba. La hierba huele a hierba, la leche huele a hierba y la mantequilla, el queso y la sauvignon blanc también huelen a hierba.

Los verdes prados de la Isla Sur

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Y de la Isla Norte

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Ahora que estamos en Australia, en esta majestuosa llanura seca y solitaria descubrimos que nosotros e incluso nuestras cosas se han llevado un poco de ese olor verde que tanto nos recordó a Galicia. Ese clima, esa forma de llover consiguió que me acordase de de mi tierra y mi gente más que nunca y Xevi comprobó lo que muchas veces le había intentado explicar sobre la mágica lluvia. No solo llueve desde arriba, cuando llueve de verdad, la lluvia juega a confundirnos y a veces cae de lado y otras, uno no sabe si cae de arriba o también brota desde abajo. Ella es el único secreto para que los paisajes sean un infinito cuadro donde solo destaca un color, el verde.

La lluvia es el único secreto para que Nueva Zelanda sea así…

IMG_3789 (Medium) IMG_1640 (Medium) IMG_1960 (Medium)IMG_2382 (Medium)IMG_3064 (Medium) IMG_3635 (Medium) IMG_3571 (Medium) IMG_3573 (Medium) IMG_2524 (Medium) IMG_3236 (Medium) IMG_2702 (Medium)

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La Isla de Waiheke

Posted by chus y xavier en 8 diciembre 2009

Nos preparamos un abundante desayuno y vamos camino al aeropuerto para intentar facturar las mochilas ya que el avión sale mañana a las 6 am y no podemos pasarnos el día con ellas encima. Al llegar al mostrador de Quantas nos comunican que no se puede facturar con tanta antelación así que buscamos otra alternativa, que por suerte existe. En el propio aeropuerto está la oficina de información turística que abre las 24 horas y tiene una consigna, así que dejamos nuestras dos gigantescas mochilas y unas bolsas hasta las 4 am, hora en la que facturaremos. Tenemos que pagar 30$NZ/15€ pero no nos importa, pues sin los bultos tenemos total libertad.

Nuestro siguiente paso es dejar la caravana, algo que nos alegra muchísimo, pues la experiencia ha sido más dura de lo que nos esperábamos y además el coche está bastante hecho polvo.

A las 12 am ya tenemos gestionado lo más urgente, cogemos nuestras pequeñas mochilas y caminamos por la perdida y solitaria área industrial donde se encuentra Spaceships hasta que llegamos a una igualmente solitaria estación de tren. En 15 minutos ya estamos camino del centro de Auckland y en otros 15 minutos más ya estamos paseando por las familiares calles del centro. Hoy todo está más alegre, el día soleado le aporta un brillo y dinamismo nunca visto por nosotros. Las plazas están engalanadas con grandes adornos de navidad por lo que cambia en el acto nuestra perspectiva de la ciudad.

Estación de trenes de Britomart

IMG_3776 (Medium) Unas “pequeñas” bolitas de navidad

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Vamos a parar al puerto y de ahí nos vamos a la Isla de Waiheke, una paradisiaca isla de 93 km2 donde también hay espacio para los viñedos y bodegas además de las casas de lujo y las bonitas playas de arena blanca bañadas por aguas color esmeralda. La Isla se encuentra a 45 minutos de la ciudad en ferry. Pasamos al lado de Devonport, con sus pintorescas casitas victorianas y sus conos volcánicos y cuando nos damos cuenta ya estamos en Waiheke por 32$NZ/16€ por persona ida y vuelta.

El Ferry Building visto desde el barco

IMG_3778 (Medium) Salimos hacia Waiheke dejando atrás la ciudad

IMG_3779 (Medium) IMG_3781 (Medium) Pasamos al lado de Devonport

IMG_3782 (Medium)Llegando a Waiheke

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En cuanto llegamos a la Isla nos subimos a un autobús y nos vamos directamente a la Bodega Stonyridge que se encuentra casi en la otra punta, por lo que aprovechamos el recorrido de más de 40 minutos para disfrutar del paisaje. Muchas personas vienen en caras excursiones organizadas pero realmente está todo muy bien montado y uno puede moverse perfectamente con los diversos autobuses que recorren la Isla casi de punta a punta. Pagas 8$NZ/4€ y puedes subir y bajar las veces que quieras durante todo el día.

En este recorrido vemos bastantes viñedos escondidos en las lomas de las montañas pues el microclima cálido y seco de Waiheke es ideal para la cabernet y syrah. De hecho la Isla se caracteriza por su clima de carácter casi mediterráneo y porque su poco pero elegante y elitista vino junto con sus bodegas son el reflejo de lo que será una copa de buen vino de Waiheke.

El autobús nos deja justo en frente de la finca donde se halla la bodega. Ascendemos una interesante cuesta bajo un pesado sol de mediodía, pasamos al lado de un campo de croquet donde varios abuelos golpean las gruesas bolas escondidos bajo sus sombreros y por fin llegamos a la original y acogedora bodega. Rodeado de viñedos y olivos por todas partes, una bonita casa de piedra con el frente lleno de enredaderas y con una terraza de vicio. Cuando llegamos decidimos parar el reloj!!

El campo de croquet

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La entrada a la bodega

IMG_3785 (Medium) La bodega

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Se respira paz y tranquilidad por todas partes, hay grandes hamacas a la sombra con vistas a los viñedos, unas mesitas en la terraza en la que se puede degustar un rico menú y una igual de tranquila zona de cata bajo un parral lleno de pequeños racimos de uva.

La tranquila terraza

IMG_3790 (Medium) IMG_3791 (Medium)La sala de catas

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La bodega pertenece a Stephen White, un marinero aficionado al surf y al buen vino que tuvo la gran idea de plantar variedades tintas de Burdeos.

Comenzamos probando Stonyridge Vineyard Church Bay Chardonnay 2007. Un vino con una graduación alcohólica elevadísima, 14,5% vol. pero que está muy bien integrada en el conjunto. Ha pasado 6 meses en barrica de roble americano y tiene unos interesantes aromas tropicales, toque cítrico y mineral, manzana asada, bollería, aportados estos últimos aromas por el paso por barrica. En boca tiene una buena acidez, a la entrada recuerdos de vainilla y compota de manzana, el paso por boca es untuoso y el final largo y refrescante. Su precio 30$NZ/15€.

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Nos encanta el ambiente que se respira en la bodega porque hay un montón de gente joven trabajando temporalmente, viajeros apasionados por el vino que se quedan unos meses en esta Formentera de las antípodas, uno de ellos es el que nos atiende a nosotros, hace un mes que trabaja para la bodega y cada pregunta que le hacemos se desvive para encontrar la respuesta, busca al enólogo o a quien sea necesario y nos resuelve las dudas.

Tras el refrescante chardonnay pasamos a los tintos y comenzamos con Stonyridge Luna Negra Malbec 2008, un vino con solo 13% vol., 14 meses de crianza en barrica, 90% francesa y 10% americana. Con un precioso color cereza picota. Aromas a violeta, ciruela madura y otros frutos negros, mucho chocolate negro, vainilla, clavo, regaliz, una explosión de aromas desde el más simple al más complejo aportados también por el uso de barricas. En boca es muy potente con un tanino aterciopelado y envolvente, final larguísimo y retrogusto de frutos negros, especias, tabaco y cueros. El precio 80$NZ/40€. Con una puntuación de 91-93 puntos Parker.

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El siguiente vino es el Stonyridge Hawkesby Malbec 2008, con un color cereza picota intenso, aromas a violeta, frutos negros, yodo, mineral, tierra, tiza, tinta, chocolate… En boca es punzante, con un tanino un tanto astringente, recuerdos a tiza, tinta, cueros y final largo y mineral. Este vino también cuesta 80$NZ/40€ y la diferencia con el anterior es que en este caso los viñedos están muy cerca del mar por lo que las uvas están más expuestas a las brisas marinas y tardan más en madurar, el Luna Negra es un vino más cálido y redondo en boca porque los viñedos están más protegidos y expuestos al sol dando también como resultado unos aromas a fruta más madura.

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El último vino que probamos es el Stonyridge Larose 2008, un coupage de 45% cabernet sauvignon, 21% malbec, 16% merlot, 16% petit verdot y 2% cabernet franc. Es un calidoscopio de aromas de ciruela, mermelada de mora, cassis, menta, clavo, nuez moscada, cuero, cedro, chocolate negro, tabaco, tierra húmeda,… Un súper potente vino con una gran concentración aromática, tanino aterciopelado, retrogusto a frutos negros maduros, especias, cuero, helado de after-eight y final largo, profundo y lujurioso. Un vino que ha recibido 93-95 puntos Parker y que cuesta 220$NZ/110€. Este vino a pesar de ser uno de los más caros del país es también el más solicitado.

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Disfrutamos cada sorbo (porque hoy nos los tragamos todos, aprovechando que no tenemos que conducir) y damos un paseo entre los olivos y los viñedos donde nos encontramos con un grupo de chicos trabajando en la viña. Están haciendo la poda en verde, arrancando las hojas que cubren los racimos para que el sol pueda alcanzar la fruta y que esta se pueda madura correctamente pues en Nueva Zelanda llueve tanto que los viñedos son demasiado frondosos por lo que hay que utilizar técnicas en el viñedo durante la primavera para controlar el crecimiento desbordado de hojas y zarcillos, pues de lo contrario sería una enredadera salvaje.

Paseando por los viñedos y olivos

IMG_3800 (Medium) IMG_3803 (Medium) IMG_3804 (Medium) IMG_3797 (Medium)Haciendo la poda en verde 

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Disfrutamos tanto de nuestra estancia en esta bodega, de la atención de sus trabajadores y de sus excelentes vinos que cuando nos damos cuenta ya son las 17 horas así que decidimos irnos antes de que no echen, pues en este país a las 17 horas cierra todo, sin excepción.

Salimos de la bodega, descendemos la cuesta que nos lleva otra vez al asfalto y nos subimos al próximo bus que nos deja en Onetangi Bay donde hay unas fantásticas casas al lado de la increíble playa de arena blanca en la cual nos mojamos un poco más arriba de la rodilla (toda una hazaña para nosotros en este país), de hecho si tuviésemos los bañadores nos daríamos un gran chapuzón en las “hoy” templadas aguas del Pacífico, paseamos a lo largo de la playa cubierta de miles de conchas de almejas y otros moluscos y nos vamos a la parada del autobús.

La playa en Onetangi Bay

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Nos mojamos los piececitos

IMG_3816 (Medium) IMG_3818 (Medium) Las bonitas casas en primera línea de mar

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Nos subimos en el siguiente autobús y volvemos a atravesar la bonita isla hasta que llegamos a Oneroa, la población principal de Waiheke, con sus restaurantes, tiendas de regalos y un montón de salones de belleza. En 30 minutos ya hemos recorrido su única calle donde ya casi todo está cerrado así que nos vamos a dar un paseo a la tranquila playa, de ahí de nuevo al embarcadero de Matiatia, a solo 2 km de Oneroa y en 10 minutos ya estamos en el ferry que nos devuelve a Auckland.

La playa en Oneroa

IMG_3825 (Medium) IMG_3821 (Medium) IMG_3827 (Medium) El ferry

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Son las 20 horas y todavía es de día y hace sol, Nueva Zelanda se ha empeñado en darnos una buena despedida y nosotros estamos ansiosos por disfrutar hasta el último momento así que cuando desembarcamos en Auckland nos vamos directamente al restaurante Karmedec, con unas fantásticas vistas al puerto y a los veleros. Aquí ya habíamos venido con la familia por eso creemos que es un buen lugar para decirle adiós a este país.

Hoy el restaurante está lleno de gente pero tienen una bonita mesa para nosotros. Tomamos 2 copas de vino de las bodegas que ya conocemos, una copa de Te Mata Chardonnay 2008 y otra de Main Divide Pinot Noir 2008 (de la familia de Pegasus Bay) y las acompañamos con un tartar de salmón, un snapper (pescado de la zona) con verduritas, patatas baby y una reducción de lima y un solomillo de ternera Neozelandesa con salsa bernesa y patatas fritas. Acabamos con un magnífico postre de chocolate en texturas.

Disfrutando en el Karmedec

IMG_3830 (Medium) El tartar de salmón

IMG_3833 (Medium) El snapper

IMG_3834 (Medium) Solomillo de ternera

IMG_3835 (Medium) Postre de chocolate

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Tras una larga sobremesa nos vamos caminando tranquilamente ya de noche por las luminosas calles de la ciudad.

Como disponemos de mucho tiempo, pues tenemos que estar en el aeropuerto a las 4 am y no vamos a dormir en ninguna parte, nos dirigimos al Hotel Stanford donde habíamos estado alojados con la familia y aprovechamos que tienen Internet gratuito para adelantar unas horitas de blog y mirar e-mails hasta las tantas.

A la 1 am vamos a Queen Street y tomamos el autobús que nos lleva al aeropuerto y que nos cuesta 16$NZ/8€ por persona, un buen precio teniendo en cuenta que está a más de 21 km de distancia. Un taxi nos vaciaría la cartera seguro!!

Ya en el aeropuerto recogemos nuestro equipaje de las consignas y hacemos tiempo hasta que por fin a las 6 am salimos rumbo a Australia.

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Bodegas del norte de Auckland y colonia de alcatraces

Posted by chus y xavier en 7 diciembre 2009

Hoy es uno de esos pocos días en este país en el que el sol nos obliga a madrugar, pues estamos a punto de derretirnos dentro del coche. Buscamos una buena sombra en el camping y preparamos un interesante desayuno rodeados por cinco graciosos patos que se aprovechan de cada migaja que se cae al suelo.

Tras el relajado desayuno nos vamos a recorrer la región vinícola más joven de Nueva Zelanda, Matakana con 12 bodegas de las que solo están abiertas 3 o 4 pues muchas solo abren en fin de semana o del martes en adelante. Los lunes descansa todo el mundo. Suerte que la que más nos interesa está abierta hoy.

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Matakana está a una hora del norte de Auckland, es una región costera por lo que los viñedos tienen mucha influencia marítima ya que están plantados a lo largo de los valles del río cuando ya casi desembocan en el mar. Son viñedos en primera línea de costa desde Pohoi en el sur hasta Pakiri en el norte por lo que la temperatura marítima con su viento seco durante el crecimiento ayuda a una larga etapa de maduración de la uva, consiguiendo una calidad óptima. La región está llena de buenas playas, artistas reconocidos nacional e internacionalmente, galerías de arte, excelentes restaurantes, alojamientos íntimos y llenos de encanto al igual que las pequeñas y familiares bodegas.

Después de llegar a las puertas de un par de bodegas y encontrarlas cerradas, nos vamos directamente a Ascension Wine Estate, una preciosa bodega de estilo colonial español, muy parecida a alguna californiana como Mondavi, ya que tiene bastante parecido con las Misiones (el campanario, el tejado, los colores,…). De hecho creíamos que los propietarios tenían algún origen o alguna relación con España y resulta que son croatas, así que nada que ver. Darryl, el propietario procede de una familia vinculada con el vino desde hace 5 generaciones y su padre fue el que descubrió Matakana, el que decidió plantar aquí sus primeras vides hace 50 años tras descubrir que el terroir era muy parecido al de Pomerol (Burdeos-Francia), aún así la bodega propiamente abrió sus puertas por primera vez en el 2000.

La entrada a la bodega Ascension

IMG_3685 (Medium) La bodega

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Sus vinos se caracterizan por proceder de un terreno único, no usar ningún tipo de riego y elaborar muy poca y cuidada cantidad con uvas recogidas a mano. En estos momentos también elaboran vinos con sauvignon blanc de Marlborough y además tienen un bonito restaurante donde se pueden maridar muchos de los platos con sus caldos en un agradable entorno al lado de los viñedos.

Los viñedos

IMG_3687 (Medium) IMG_3688 (Medium) El exterior del restaurante

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Ya introducidos en la historia de la región y de la bodega comenzamos probando sus vinos blancos más característicos. Ascension “The Apogee” Matakana Viognier 2008. Esta bodega ha sido una de las primeras en cultivar esta exótica variedad en Nueva Zelanda. Es un vino súper aromático con recuerdos a madreselva, albaricoque, especias, nectarina… y en boca es seco, suave y elegante.

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El segundo vino, Ascension “The Rogue” Matakana Flora 2009, está elaborado con una variedad llamada “flora”, que desconocemos por completo y que parece que es un clon especial de la pinot gris. Es un extraño vino con aromas a pera madura, lichi, canela, guayaba y seco y suave en boca, más ligero que la pinot gris.

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El tercer vino, Ascension “The Ascent” Reserve Matakana Chardonnay 2007, el vino más aclamado de la bodega, elaborado al estilo borgoña (fermentación en barrica, fermentación maloláctica, crianza sobre lías con battonage). Es un vino con aromas a melocotón, pomelo, avellana, ahumados y tostados procedentes de la barrica y en boca es seco, crujiente y envolvente con un largo final.

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Acabamos probando dos de sus tintos más significativos, Ascension “The Bandit” Reserve Matakana Syrah/Viognier 2008. Elaborado al clásico estilo Côte Rotie (en el norte de Côte du Rohne, Francia) donde añaden un poco de viognier (uva blanca) a la syrah. Es un blend del 95% syrah y 5% viognier de los viñedos más viejos de Nueva Zelanda. Un vino denso y concentrado con aromas a frutos del bosque, ciruela negra, pimienta negra, chocolate, vainilla, cremoso en boca, con un tanino potente y un largo y amplio final.

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El último vino, Ascension “The Benediction” Reserve Matakana Cabernet Franc 2007, al más puro estilo Burdeos, criado en barrica de roble francés y americano mayoritariamente nuevo durante 12 meses. Un calidoscopio de aromas a grosella y otros frutos del bosque, violeta, vainilla, cedro, tabaco proporcionado por la barrica y en boca potente, tanino secante y firme y con un largo y especiado final.IMG_3678_retocada

Unos momentos durante la cata

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De Matakana nos vamos a Kumeu, otra región dentro de la área del norte de Auckland, esta al contrario que Matakana es una de las más antiguas del norte de Auckland pues las primeras bodegas datan de 1930 cuando familias croatas se establecieron en la zona.

Kumeu se encuentra en el noroeste, a solo 30 minutos de Auckland, es un bonito emplazamiento entre los valles de Waimauku y Muniwai. Las bodegas son pequeñas y familiares, algunas elaboran vinos solo de la región y otras utilizan la uva de otras zonas importantes de Nueva Zelanda.

Decidimos visitar dos bodegas. La primera, West Brook es una bodega familiar gestionada por la familia Ivicevich y ellos mismos son lo que nos acompañan en la degustación de sus vinos más significativos. Tienen una gama de casi 20 vinos, muchos de ellos de Marlborough pero nosotros decidimos probar solo los de Kumeu, de sus viñedos de Waimauku.

La entrada a la finca

IMG_3713 (Medium) IMG_3712 (Medium) Los viñedos

IMG_3709 (Medium) IMG_3711 (Medium)El camino de entrada a la bodega

IMG_3691 (Medium) La sala de catas

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Comenzamos con West Brook Pinot Gris 2009, la primera cosecha de esta variedad. Un vino con ricos aromas a pera, membrillo, piel de manzana y en boca recuerdos a albaricoque, mandarina, con una entrada refrescante y un final equilibrado y concentrado.

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Después probamos West Brook Ivicevich Chardonnay 2004, un vino con una crianza de 12 meses en barrica de roble francés. Fragantes aromas a fruta de hueso, pera y notas cítricas combinadas con recuerdos a almendra y melón maduro. En boca es fresco, elegante, con una textura envolvente. Retrogusto de nectarina, frutos secos y un toque mineral. Un rico vino con cuatro años en botella y una frescura y delicadeza todavía persistentes.

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Acabamos probando su nuevo lanzamiento, el West Brook Waimauku Pinot Noir 2008, con aromas a guindas, frutos rojos, recuerdos de tabaco. En boca tiene un fino y secante tanino, recuerdo a frutos rojos confitados y notas de cuero con un largo y elegante final.

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Como punto final de la región decidimos irnos a Kumeu River Wines, propiedad del primer Master of Wine de Nueva Zelanda, Michael Brajkovich, uno de los mejores productores de chardonnay del país. Esta bodega se estableció en 1944 y siempre ha estado a cargo de la familia Brajkovich.

Cartel de entrada a la bodega

IMG_3715 (Medium) La bodega

IMG_3717 (Medium) Detalles del interior de la sala de catas

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Comenzamos probando sus diferentes gamas de chardonnay. Kumeu River Estate Chardonnay 2006, un vino con fermentación en barrica, maloláctica y 11 meses de crianza en roble. Un vino con aromas a fruta tropical, toques cítricos, melón maduro, recuerdos a bollería, manzana asada. En boca acidez refrescante, retrogusto cítrico, manzana asada, vainilla, ahumados y elegante, largo y mineral final. Un vino de 36$NZ/18€.

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El Kumeu River Hunting Hill Chardonnay 2006. Igual que el anterior, fermentación maloláctica y crianza de 11 meses en roble francés, un vino de 14% vol. alcohólico, en nariz más cítrico y perfumado que el anterior, con aromas a piel de mandarina. Cremoso en boca, con recuerdos a frutos secos, ahumados,… Excelente y complejo final. El precio 48$NZ/24€.

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Kumeu River Coddington Chardonnay 2007 hecho con uvas compradas en la zona, elaborado al mismo estilo que las anteriores y también con 11 meses de crianza en barrica. Con ligero aroma a lima, melón, ahumados, pan tostado. En boca buena acidez, recuerdos cítricos, bollería, ligeramente untuoso y final largo y mineral. Un precio de 43$NZ/21,5€.

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El último chardonnay, el Kumeu River Mate’s Vineyard Chardonnay 2007, elaborado con uvas de un viñedo de 18 años que lleva el nombre del padre de Michael en forma de homenaje y que está justo enfrente de la bodega. Ha estado un año en barrica nueva de roble francés. Aromas a almendras y avellanas tostadas, manzana, nectarina, en boca es rico y cremoso, con recuerdos cítricos, de frutos secos y muy mineral y excelente final. Es un vino con un gran potencial de guarda y todavía está en la etapa bebé. Un vino de 50$NZ/25€.

IMG_3723_retocada El Mate’s Vineyard

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Después de la grandiosa chardonnay probamos Kumeu River Estate Pinot Noir 2006, con aromas a frutos rojos maduros, especias, ahumado. En boca tiene una entrada fresca y suave, con recuerdos a especias y frutos rojos, sedoso y profundo paso por boca y elegante final. El precio 36$NZ/18€.

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Antes de irnos nos ofrecen una pequeña sorpresa, el Kumeu River Melba 2000, elaborado con 70% merlot y 30% malbec, un vino que ya no se encuentra en el mercado pues han arrancado los viñedos de malbec. A pesar de que es del 2000 y está tapado con rosca se conserva todavía muy bien, con aromas a frutos negros maduros, especias, chocolates y con una entrada en boca untuosa, tanino aterciopelado y largo y complejo final. Una ocasión única para probar un vino en vías de extinción.

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Tras todos estos días entre viñedos, bodegas y vinos decidimos hacer una pausa y nos vamos muy cerquita de Kumeu, al Parque Regional de Muriwai pues ahí se encuentra una increíble colonia de alcatraces, unos preciosos pájaros que no habíamos visto nunca. Con una gran envergadura (sus alas abiertas miden más de 1 metro). Su historia es muy curiosa ya que cada año vuelven a la misma zona para buscar pareja, cuando la encuentran es para toda la vida. Solo ponen un huevo al año y justo es en esta época cuando algunos polluelos salen del huevo y otros están aprendiendo a volar por lo que hay mucho ambiente en las rocas, en el aire y en el agua a la que entran en picado a 145 km/h para buscar alimento.

Pasamos al lado de otro de los muchos árboles de navidad que empiezan a florecer

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De camino a la colonia de alcatraces

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Sobre el mes de marzo-abril, cuando ya han aprendido a volar, los más jóvenes dejan el refugio y vuelan a través del océano hasta la Costa Australiana (nada menos que 2000 km) donde se quedan hasta la edad adulta en la que vuelven a retornar a casa para buscar pareja, encontrar un hueco libre para poder anidar y continuar la prole. Una aventura fascinante.

Nos quedamos más de dos horas observando sus movimientos, los polluelos, los rozamientos y caricias entre las jóvenes parejas y volvemos al coche atravesando la salvaje playa de arena volcánica (totalmente negra) en la que hay bastante actividad surfera.

La colonia de alcatraces

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Otros cuidando a sus polluelos

IMG_3749 (Medium) Sus elegantes rasgos más de cerca

IMG_3759 (Medium) Algunos de ellos ligando

IMG_3763 (Medium) Y otros muy enamorados

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La playa de arena negra

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Como mañana dejamos la caravana, buscamos un camping cerca de la ciudad y del aeropuerto. Nos cuesta 30$NZ/15€ pero nos vamos de Nueva Zelanda acostumbrados a dejarnos la pasta en los campings, algo con lo que no habíamos contado en ningún momento cuando planeamos el viaje, pues todo el mundo lo pinta todo de color de rosa… Rehacemos nuevamente las mochilas y aprovechamos para descansar un poco pues mañana será un día muy largo.

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Alrededores de Auckland

Posted by chus y xavier en 6 diciembre 2009

Nos despertamos con un bonito día soleado y damos un rápido paseo por la desértica ciudad de Coromandel que nos recuerda en algún aspecto a Arrowtown. Vamos hasta el puerto donde podemos ver claramente las secuelas de las fuertes lluvias, pues los barcos están que se salen del agua de tanto que ha subido el nivel del mar.

Los barcos casi saliéndose del agua

IMG_3629 (Medium) El mar está que rebosa

IMG_3631 (Medium) La tranquila ciudad de Coromandel

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Dejamos la “ciudad” y seguimos toda la Costa Oeste de la Península dejando atrás los hermosos y verdes paisajes a los que nos tiene acostumbrados Nueva Zelanda, sobre todo los escasos días de sol. Auckland se puede ver al otro lado del mar.

Preciosas vistas de la Península de Coromandel durante el recorrido

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Bajamos hasta la región de Waikato con la idea de probar algún vinito de la zona pero como ni los propios lugareños pueden darnos ninguna referencia decidimos ir al I-Site (información turística) y nos comentan que hay muy pocas bodegas y todas están cerradas al público pues no tienen mucha acogida. Ya sabíamos que era una región un poco atrasada con respecto a las otras pero parece ser que antes aún tenían mapas de la zona, alguna bodega abría sus puertas pero ahora nada de nada. Y pensar que Waikato fue el corazón vinícola del país a principios del S. XX.

Con la información y confirmación de que no podemos probar vinos decidimos subir hasta Auckland y aprovecharnos para visitar Villa Maria Estate, una macrobodega que se encuentra al lado del aeropuerto. Fue fundad en 1961 y es la tercera de Nueva Zelanda en producción, tiene todas las gamas posibles de vinos y viñedos en las mejores zonas vinícolas de Nueva Zelanda.

La entrada a la bodega

IMG_3641 (Medium) IMG_3640 (Medium)Los viñedos 

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La bodega es súper opulenta, con restaurante, una gran zona verde donde se organizan fiestas y otros eventos y la bodega-museo por la que te hacen un recorrido para mostrar donde hacían el vino originalmente, salas de barricas y algunos elementos de colección.

La sala de catas

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Probamos varios de sus vinos, el Villa Maria Sauvignon Blanc Marlborough 2009, con los característicos aromas a fruta de la pasión, cítricos, hierba. Crujiente y refrescante en boca.

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Villa Maria Pinot Gris Marlborough 2009, con aromas a pera, piña, jengibre, manzana asada, canela,… buena acidez y final harmonioso.

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Villa Maria Chardonnay Gisborne 2007, con una crianza en barrica de 10 meses con aromas a piel de limón, fruta tropical, un toque mineral, en boca cremoso y un final largo y envolvente.

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Villa Maria Viognier Gisborne 2008, con aromas a melocotón, guayaba, albaricoque y recuerdos especiados.

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De tintos probamos Villa Maria Pinot Noir Marlborough 2008, con aromas a frutos negros, especias y en boca un tanino fino y elegante al estilo pinot de Marlborough.

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El Villa Maria Cabernet Sauvignon-Merlot Hawke’s Bay 2008, un vino con aromas a frutos rojos y negros como cassís, mora, clavo, pimienta, tabaco, pizarra y en boca entrada potente, con un tanino aterciopelado y un largo e interesante final.

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Acabamos probando Villa Maria Syrah Hawke’s Bay 2007, un vino elaborado con uvas de viñedos plantados en Gimblett Road, con aromas intensos a frutos negros maduros, especias, chocolate, muy mineral con un retrogusto a frutos negros, cacao, tabaco, tanino aterciopelado y final largo y lujurioso.

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La ventaja de estas compañías tan grandes es que pueden producir vino de cualquier parte de Nueva Zelanda y nosotros aprovechamos para probar la esencia de algunas de las regiones que ya hemos visitado.

Después del rápido recorrido aromático y gustativo nos despedimos de Auckland hasta mañana y bordeamos la ciudad rumbo al noreste donde se encuentra la región de Matakana, la más joven en el mundo del vino.

Nos vamos a un camping muy curioso, montado en cartón piedra al estilo pueblo histórico y que se encuentra en la playa de Sandspit, muy cerca de los jóvenes viñedos de la región.

Cenamos una ensaladita, tostadas de queso y atún y como no, las fantásticos y baratas gambas

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Hot Water Beach

Posted by chus y xavier en 5 diciembre 2009

Se ha pasado toda la noche lloviendo y hay charcos por todas partes pero hoy el día está bastante soleado y eso es genial.

Nos informamos de la hora de la marea baja pues en Hot Water Beach las mareas son muy importantes ya que esta playa es famosa porque tiene una zona de arena y agua hirvientes. 2 horas antes y 2 horas después de la marea baja esa zona se queda al descubierto y la gente viene con palas, hace agujeros en la arena y espera a que fluya el agua caliente para darse un buen y relajante baño termal.

Esta es la razón por la que nosotros también estamos aquí pero hasta las 14:30 no se puede hacer nada, la marea baja es a las 16:30 así que hacemos tiempo y pasamos por Hahei, un pequeñísimo pueblo playero para ir a Cathedral Cove, unas fantásticas formaciones rocosas que se encuentran en una playa a la que hay que descender caminando.

La playa de Hot Water Beach con la marea alta

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El Pohutakawas o árbol de Navidad empezando a florecer

IMG_3543 (Medium)La flor de navidad

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Aparcamos el coche en un repleto aparcamiento, aún no sabemos de dónde ha salido tanta gente, y comenzamos nuestra caminata por un estrecho sendero que a veces deja de existir debido a las lluvias torrenciales de ayer. Hay un montón de ramas y hojas caídas y fluye agua por todas partes.

Vistas de la costa y el mar al empezar la caminata

IMG_3545 (Medium) IMG_3546 (Medium) Unos momentos durante el camino

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IMG_3549 (Medium)El recorrido está lleno de una frondosa vegetación destacando los helechos plateados

IMG_3573 (Medium)IMG_3574 (Medium) Un árbol que crece sobre una roca

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Algunas de las ramas caídas por la tormenta

IMG_3576 (Medium) Una incipiente hoja de helecho

IMG_3571 (Medium) Hay momentos en el que el camino se complica pero es precioso

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Tras una caminata de más o menos 30 minutos llegamos a la pequeña y deslumbrante playa donde se encuentra la enorme piedra caliza que después de siglos y siglos de erosión ha sido atravesada por el agua y ahora tiene una forma de arco que se puede atravesar como si fuese un pequeño túnel. El problema es que está demasiada erosionada por algunas partes y se desprenden grandes piedras del techo. Posiblemente le queden ya pocos años antes de que se fracture en dos.

La roca con forma de arco

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Lo bueno de que haya llovido tanto anoche es que hoy fluye agua por todas partes. Hay una alta cascada que hoy deja caer una buena cantidad de agua además de algunas otras improvisadas en medio de alguna roca.

Nos quedamos un rato en la arena disfrutando del bonito paisaje mientras vemos a algún atrevido bañarse en el mar y sacarse la sal bajo la bonita cascada. Nos morimos de envidia pero el agua está bastante fría para nosotros.

La playa con otras fantásticas formaciones rocosas

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Las cascadas de agua

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Volvemos al coche rehaciendo el camino que resulta mucho más duro que de bajada y nos vamos para la Hot Water Beach, todavía no es la hora adecuada pero ya comienza a verse algo de ambiente, alquilamos una pala por 5$NZ/2,5€ en una cafetería enfrente de la playa y nos vamos en busca de un espacio para excavar nuestro jacuzzi.

Nos hacemos con la indispensable pala

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Cuando llegamos descubrimos que ya se han adelantado unos chicos que han hecho una gigantesca poza delante de un afloramiento rocoso y ya están más de 6 personas disfrutando de un baño caliente y salado. Hacemos varios intentos pero no encontramos un lugar caliente hasta que pasamos por uno que quema los pies. Comenzamos a excavar pero está demasiado caliente, nos movemos unos metros y encontramos por fin nuestra parcelita.

La playa de Hot Water Beach

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Bajando la marea

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Comenzamos a excavar con todas nuestras fuerzas haciendo uso de la pala y de las manos y cuando tenemos media poza hecha viene una gran ola y se lleva por delante todo nuestro trabajo y el de otras personas. No desistimos y comenzamos de nuevo, esta vez hacemos una alta barrera antiola pero en 15 minutos viene otra y casi consigue deshacer nuestra piscina privada pero no lo logra del todo, así que fortificamos nuestra barrera y seguimos trabajando hasta que por fin comenzamos a ver el resultado, una enorme poza con agua caliente, incluso demasiado caliente en algunas partes y nos tumbamos a disfrutar del sol, la primera línea de mar mientras nos derretimos en el agua.

Empezamos a trabajar en el “jacuzzi”

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IMG_3582 (Medium) IMG_3583 (Medium) IMG_3588 (Medium)Ya empezamos a ver los frutos de tanto excavar 

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Si, si, quema un poquito

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En menos de una hora la playa se llena de gente equipada con palas, cubos y lo que sea y buscan un hueco en la playa para hacer sus bañeras privadas. Desde nuestro “fantástico” fuerte vemos como alguna ola traicionera destroza el trabajo de unos minutos de algunas personas, algunas no se rinden y siguen intentándolo, otras se van después de varios intentos y otros acaban exiliándose en la primera y más populosa poza.

La playa se llena de gente y pozas

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Estamos casi dos horas de remojo en el agua casi hirviendo y no para de venir más y más gente, tanta que ya no hay sitio en la playa para más agujeros así que cedemos un trozo de nuestra propiedad a una divertida familia que colabora en la mejora y ampliación de nuestro territorio.

Disfrutamos de nuestro “jacuzzi” privado

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De repente una gran ola entra en casi todas las pozas devastándolas por completo y la nuestra es la única superviviente gracias a nuestro arduo trabajo. Nos vamos dejando que los nuevos ocupantes disfruten de los pocos minutos que quedan hasta que llegue otra gran ola.

La experiencia de hacer tu propio jacuzzi es genial como también lo es el hecho de que una playa de aguas bien frías haya un pequeño reducto donde fluye agua hirviendo. Sorprendente!!

Todo esto se debe a que debajo a más o menos 2 km hay una roca volcánica caliente que está a 170℃ y sobre ella se han generado unas fisuras por las que pasa el agua del mar que se empuja a la superficie a 64℃, más de 15 litros por segundo, lo cual es perceptible solo con la marea baja.

De camino al coche, medio extasiados y demasiado relajados, atravesando un riachuelo lleno de piedrecillas, tropiezo con una de ellas y me caigo llevándome un buen golpe en el pie derecho y la rodilla. Por suerte solo un susto, bastante dolor y unos cuantos moratones.

Nos damos una ducha de agua fría para quitarnos de encima los kilos de arena, devolvemos la pala y nos vamos de Hot Water Beach pues si no hay agua caliente no hay más atracciones para hacer. De camino a la ruta principal nos encontramos los ríos desbordados y tramos de carretera arrasados por el agua, es increíble lo que ha llovido, un poco más y nos quedamos aislados.

Los ríos desbordados

IMG_3607 (Medium) IMG_3608 (Medium) Alguna carretera también está medio inundada

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Conducimos durante unas horas hasta la ciudad de Coromandel y vamos pasando por pequeños y bonitos pueblos de veraneo que están bastante tranquilos, con unas limpias playas de arena blanca, paramos en el más grande y compramos un rico pescado para la cena.

Alguna playa en la Península de Coromandel

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Cuando estamos llegando a Coromandel desde lo alto de una empinada cuesta obtenemos la primera impresión del pueblo rodeado de agua y montañas por todas partes.

Las preciosos vistas de la Península

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Mientras descendemos la escarpada pendiente vemos como se va ocultando el sol dejando tras de si un cielo ensangrentado bellísimo. La verdad es que Nueva Zelanda nos ha brindado algunos de los atardeceres más bonitos del viaje junto con alguna que otra noche estrellada muy mágica como la del Monte Cook o la Golden Bay.

Vemos como el sol desciende

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Buscamos un camping Top Ten, que ya sabemos que es una apuesta segura y como ya está cerrado la oficina solo pagamos por uno, 20$NZ/10€ (otros 20$NZ/10€ que nos ahorramos). Están muy bien pero son bastante carillos.

Acabamos de ver el atardecer desde la pequeña playa privada del camping y de ahí a preparar nuestro rico pescado a la plancha con patatas cocidas, al resto de la gente se les cae la baba, sobre todo cuando lo maridamos con un interesante sauvignon blanc de la bodega Johner de Martinborough.

El espectacular atardecer

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